Share this post on:

No quiero entrar ahora en ese lodazal que se ha producido debido a la crisis migratoria entre España y Marruecos. Demasiados intereses políticos y creadores de opinión, expertos en manipulación informativa, desinformación concienzudamente distribuida, imágenes trufadas del repelente componente ´mimosín` y un largo rosario de estupideces sustentadas sobre prejuicios raciales y el egoísmo más casposo y ramplón.

El fenómeno migratorio no es algo de nuestro tiempo; pero sí ha crecido y tomado notoriedad con la mundialización económica.

En cualquier caso, hay un aspecto que sí quiero denunciar: la desastrosa gestión migratoria que se viene realizando desde las instituciones europeas. No se puede hacer peor, tanto en el trato hacia los emigrantes, como en la cooperación con los países de origen.

Para entender todo lo relativo a las migraciones hay que partir de hechos históricos: la colonización de los países africanos, la descolonización y la neo colonización que caracterizaron las últimas décadas en el continente, con la consolidación de la corrupción estructural en muchos países y el fortalecimiento de unas élites que constituyen, en definitiva, un lastre para el desarrollo social de esos países, lo que empuja a buena parte de la población a buscarse la vida en la rica Europa.

En segundo lugar, la visión europea de las migraciones está sustentada sobre la pretendida hegemonía occidental en todos los aspectos –no solo económicos- de la vida. Se trata mal al emigrante, se le ningunea, nos situamos los europeos en un plano de superioridad moral, exigimos poder viajar por el mundo sin trabas administrativas, sin visados, solo por ser europeos y ciudadanos de bien, mientras a los de fuera les imponemos unas condiciones imposibles de cumplir para poder entrar, visados de difícil obtención, seguros, etc., bajo el pretexto de la seguridad. Nosotros podemos ir prácticamente gratis a sus países pero ellos tienen que pagar por venir a los nuestros.

Un ejemplo: cualquier ciudadano español puede entrar en Marruecos como turista, tres meses, sin mayor problema. No hay que presentar visado, ni declaración de ingresos económicos, ni certificados bancarios, ni certificados médicos, ni reservas de hotel. Puedes moverte libremente por el país; pero los ciudadanos marroquíes que quieran venir a España están obligados a solicitar visado y presentar en la solicitud los documentos que he señalado más arriba, sin garantías de que se lo vayan a conceder.

El problema migratorio tiene una solución que seguramente ya habrán adivinado: suprimir esos visados. Esto no quiere decir que cualquier ciudadano de un país extranjero pueda establecerse sin más en España u otro país europeo, sino que en el ejercicio de la protección a los derechos humanos, el ciudadano, sea cual sea su nacionalidad, tiene derecho a moverse libremente. Por supuesto, las estancias no superarían los 90 días y si se rebasan (salvo aquellas personas que consigan un contrato laboral), o delinquen, expulsión automática y penalización de varios años sin poder entrar. En mi opinión la flexibilización fronteriza traería múltiples beneficios, entre ellos la desaparición de las mafias que trafican con emigrantes y de funcionarios corruptos que venden visados,  así como flujos migratorios de ida y vuelta que generan dinamismo económico y prosperidad.

Se me puede decir que tal sistema conlleva asumir que vendrían millones de emigrantes y que de una u otra forma no regresarían a sus países de origen; pero francamente lo dudo mucho. Pocas personas quieren abandonar su país para siempre.  Buscamos estabilidad, tranquilidad y prosperidad. Si una persona va a otro país y no encuentra unos mínimos de bienestar, no se quedará. Conozco muchos casos de emigrantes que han vuelto, bien por no cumplirse sus expectativas laborales bien por añorar su tierra, etcétera.

Evidentemente tal solución no se puede implementar de un día para otro. Tendrían que diseñarse pasos intermedios y, en paralelo, un adecuado tratamiento de las políticas de desarrollo social y cooperación con esos países y no poner parches vía subvenciones que suelen llegar a los bolsillos de funcionarios corruptos; es decir, favorecer la democratización, combatir la corrupción, mejorar las condiciones sanitarias y las infraestructuras. Las instituciones internacionales como Banco Mundial y FMI pueden hacerlo; es más, deben hacerlo. La Unión Europea puede y debe establecer una política que implique más acciones concretas, sin tanto discurso y cacareo estéril.

Avatar Youssef

Author: Youssef

Desarrollo social y salud pública | Edición

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *