Share this post on:

En el desierto descubro la fragilidad de nuestra naturaleza humana, a solas con los elementos, al albur del viento. El desierto expulsa a los pusilánimes, a los aventureros, a los interesados en tal o cual asunto, a los buscadores de riqueza material… el desierto te quita los ropajes de la mundanidad y te hace sencillo y transparente. Se requiere paciencia, reposo, tranquilidad. Se camina a otro ritmo, no existen las prisas, solo la mirada perdida en el horizonte atisbando tal vez algún remolino de arena, de esos que levantan los genios y los espíritus de las arenas.

En el desierto la universidad es nómada. Así, las llamadas ´Mahadra`, jugaron un papel muy importante en la conservación y transmisión de la lengua árabe y del islam en todo el Magreb y el África subsahariana.

En el desierto la poesía se filtra entre los granos de arena y constituye su esencia. El desierto es poesía e invita a declamarla. Alhamdulilah!

En el desierto descubres que los verdaderos maestros espirituales son aquellos que nos ponen a prueba y vienen disfrazados de amigos, padres, hijos, cónyuges, vecinos, compañeros de trabajo… son los que nos traen problemas y nos enseñan las lecciones que tenemos que aprender. Los demás (gurús, sheijs, sacerdotes, ulemas,…) son sólo guías que nos señalan un camino concreto.

En el desierto comprendes que el intelecto es sabio cuando la mente no está dominada por el deseo.

En el desierto contemplo para descifrar el silencio.

En el desierto la luz se funde con el tiempo y forman un arco iris cósmico.

En el desierto veo el azul desnudo del cielo, la luz y el viento, las rocas formando un rosario de alabanzas, la arena formando caprichosas formas en el suelo,… todo ello invita a la alabanza en lo más íntimo de mi corazón.

Avatar Youssef

Author: Youssef

Desarrollo social y salud pública | Edición

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *