«Espero que utilicemos la tecnología para lograr una vida mejor para todos de una manera más equitativa que ayude a los más desfavorecidos. Ahí es donde podemos hacer el mayor bien». (Peter Singer)

Esta frase del famoso filósofo constituye, en mi opinión, una afirmación que recoge la esencia de la actividad científica durante buena parte de la historia de la Humanidad; pero la pregunta es si tal suposición se cumple hoy, cuando la ciencia y el desarrollo tecnológico son asuntos de Estado y están fuertemente impregnados de ideología política.
En cuanto al fundamento moral del trabajo científico y tecnológico, todas son preguntas abiertas. Por un lado, reflexionamos sobre los límites de nuestra actividad, por ejemplo en lo que respecta al desarrollo de la inteligencia artificial o la manipulación genética. Por otro lado, los avances científicos a menudo se producen ignorando consideraciones éticas, bajo la premisa de que si se puede hacer, se hará, ya que siempre habrá gobiernos y científicos cuyos enfoques éticos son diferentes, o ninguno en absoluto.
Por lo tanto, ética y ciencia, constituyendo un importante binomio para buscar el bienestar humano, está en constante revisión, cuestionando principios establecidos y respetados en tiempos pasados.
En numerosas universidades y centros de investigación se han desarrollado pautas éticas para guiar todo tipo de investigación científica. Las reglas son exigentes y violarlas puede constituir un delito grave.
Hay algunas normas de conducta que cristalizaron después de la Segunda Guerra Mundial, especialmente en las especialidades médicas y en el desarrollo de armas;
Hay dos grandes categorías (Bolton, 2002). En primer lugar, los estándares de métodos y procesos abordan el diseño, los procedimientos, el análisis de datos, la interpretación y la presentación de informes de los esfuerzos de investigación. En segundo lugar, las normas de asignatura y resultados abordan el uso de sujetos humanos y animales en la investigación y las implicaciones éticas de algunos resultados de investigación. Juntos, estos estándares éticos ayudan a guiar la investigación científica y aseguran que los esfuerzos de investigación (y los investigadores) se adhieran a varios principios esenciales (Resnik, 2008), que incluyen:
– Honestidad en la presentación de datos científicos.
-La cuidadosa transcripción y análisis de los resultados científicos para evitar errores.
-Análisis e interpretación independiente de los resultados en base a los datos y no influenciados por fuentes externas.
-Publicar y presentar métodos abiertos, datos e interpretaciones.
-Validación suficiente de resultados a través de replicación y colaboración con colegas.
-Atribución adecuada de fuentes de información, datos e ideas.
-Las obligaciones morales hacia la sociedad en general y, en algunas disciplinas, la responsabilidad de determinar los derechos de los sujetos animales y humanos.

En resumen, «la conducta ética en la ciencia garantiza la fiabilidad de los resultados de la investigación y la seguridad de los sujetos que participan en la investigación». (Anthony Carpi; Anne E. Egger); pero está claro que estos criterios han sido violados repetidamente, tanto personalmente, con comportamiento fraudulento, como a nivel estatal. Además, en países como China, donde el concepto de «derechos humanos» es muy diferente al que tenemos en las democracias occidentales, el desarrollo científico y tecnológico obedece a otros enfoques.
Así que la pregunta es si la ética servirá para algo en el futuro inmediato, o toda actividad estará sujeta al utilitarismo y al «bien común» de lo que decidan los poderes fácticos.
Seguiremos reflexionando sobre estas importantes cuestiones.

Por JL Nava

Docente. Mis intereses de investigación: Antropología y economía médicas, bioética y desarrollo social. Realizo consultoría en el ámbito de la edición científica. Edito libros y escribo prosa poética. ............................................................................................

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